Inesperado,
como el toqueteo suave y lento
y el placer en las manos.
Inesperado aquel aliento sobre el cuello
y el frío de su piel sobre mi mano.
Inesperado el roce atroz de su pasión en mi regazo.
Inesperado el placer de mi dolor y los recuerdos de antaño.
Inesperada su sonrisa
y su partida justo al rato...
Inesperado, que yo aún me rinda entre sus brazos.
Luises Pérez
Viendo el bailar de las hadas en el perturbado cielo, la magia de la locura llego al aposento de la frágil moral, mostrándole al hombre que había llegado la hora de encontrar lo que había perdido… Un blog para leer algunas ideas de personas comunes y corrientes.
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