
Sentados cada uno en su respectiva banca,
en la mitad de un parque ante la mirada de los transeunte,
hipnotizados por el viento que acaricia las mejillas
y transporta las palabras.
La imaginación va y viene;
nos mese la mente como una balsa a merced de las olas
y el viento transporta las caricias y los besos
haciéndonos sentir lo que no hace el cuerpo.
Se humedecen los ojos
y se herizan los vellos,
sale un suspiro...
es sexo en el viento.
Luises Pérez
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