
Y a las 11 de la noche
sintiose el sonido de la muerte,
rodachines por el pasillo hospitalario
y escandalosos gemidos de dolientes,
gemidos de un último adiós
que si bien no involucran a mis queridos,
no por ello son menos impactantes,
no por ello no dan frío.
Que cada quien pague sus pecados
y que cada quien deje a sus entes heridos.
Luises Pérez
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