
En un bonito castillo en el monte
con aires lugubres y despreciables
se erguía con imponentes aires
el castillo de Racochi Mulcafe.
Mulcafe fue en épocas lejanas
un rey muy malo y muy injusto
con un alma tan oscura y tan malvada
que todo a su alrededor se había tornado inmundo.
Fue tan mal hombre que su familia se reveló
y dándole de beber en una copa
un menjurje raticida, no lo mató,
solo lo transformó.
Garras y colmillos salieron a este tipo
y de escamas se cubrió su cuerpo
con una larga cola reptiliana
y unas alas como de murciélago.
En medio de la ira
el dragon agresivo se tornó
devoró a toda su familia
y solo un ser quedó.
Un pequeño ratoncito
que antes fuera un hechicero
se había transformado a si mismo
para salvarse el pellejo.
Y en un guardián se convirtió el dragón
y en una amenaza el ratonsuelo
que esperaba algún osado guerrero
que al dragón asesinara.
Cierto día un caballero
muy singular y muy alegre
se apareció por el castillo
con aires de circo y de maníaco endeble.
El ratoncillo al verlo de lejos
contento y extrañado se puso
viendo en este salvador
pocas esperanzas, quizás un absurdo.
Pero al entrar el tipo éste
bien decidido por la puerta principal
con su extraña arma en brazos
y su caminar tan peculiar
el ratoncillo tomó confianza
y desde el suelo saludó
y le dijo el secreto mágico
para acabar con el dragón.
Ya este caballero alegre
sabiendo todo lo que necesitaba
se fue con su sonrisa
y su arma principal,
una escoba bien pulida
teñida con bonitos colores
un grito de alegría
y el ánimo de los luchadores.
Corriendo entró al castillo
y en la sala principal
sentado sobre el oscuro trono
vió al dragón descansar
y con risas y saltitos
y agitando la escoba aquella
corriendo por todo el salón
empezaba la singular pelea
y el dragón detrás corría
intentando alcanzar al chacho
y este feliz huía
a las garras del desgraciado
hasta que soltando pinturas brillantes
iluminó todo el salón
y oh! sorpresa grande
el dragón sus ojos tapó.
El secreto de la derrota
yacía en iluminar el recinto
y mostrarle los colores de la vida
y llenar de alegría el castillo.
Y en un grito desesperado
el dragón por fin se desvanecio
y los colores al castillo llegaron
y el ratoncillo a su forma regresó.
Y en un bonito discurso
el castillo le regaló
y una bonita misión
al colorido guerrero encargó:
"vos tan alegre y feliz
solo una cosa harás,
sacarle sonrisas a la gente
y brindar felicidad".
Y así culmina la historia
del caballero alegre
que por sonriente y bien osado
se convierte en el Guardian de la Escoba de Colores!!
Luises Pérez
me encanta! :)
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