lunes, 6 de junio de 2011

El guardian de la escoba de colores


En un bonito castillo en el monte

con aires lugubres y despreciables

se erguía con imponentes aires

el castillo de Racochi Mulcafe.

Mulcafe fue en épocas lejanas

un rey muy malo y muy injusto

con un alma tan oscura y tan malvada

que todo a su alrededor se había tornado inmundo.

Fue tan mal hombre que su familia se reveló

y dándole de beber en una copa

un menjurje raticida, no lo mató,

solo lo transformó.

Garras y colmillos salieron a este tipo

y de escamas se cubrió su cuerpo

con una larga cola reptiliana

y unas alas como de murciélago.

En medio de la ira

el dragon agresivo se tornó

devoró a toda su familia

y solo un ser quedó.

Un pequeño ratoncito

que antes fuera un hechicero

se había transformado a si mismo

para salvarse el pellejo.

Y en un guardián se convirtió el dragón

y en una amenaza el ratonsuelo

que esperaba algún osado guerrero

que al dragón asesinara.

Cierto día un caballero

muy singular y muy alegre

se apareció por el castillo

con aires de circo y de maníaco endeble.

El ratoncillo al verlo de lejos

contento y extrañado se puso

viendo en este salvador

pocas esperanzas, quizás un absurdo.

Pero al entrar el tipo éste

bien decidido por la puerta principal

con su extraña arma en brazos

y su caminar tan peculiar

el ratoncillo tomó confianza

y desde el suelo saludó

y le dijo el secreto mágico

para acabar con el dragón.

Ya este caballero alegre

sabiendo todo lo que necesitaba

se fue con su sonrisa

y su arma principal,

una escoba bien pulida

teñida con bonitos colores

un grito de alegría

y el ánimo de los luchadores.

Corriendo entró al castillo

y en la sala principal

sentado sobre el oscuro trono

vió al dragón descansar

y con risas y saltitos

y agitando la escoba aquella

corriendo por todo el salón

empezaba la singular pelea

y el dragón detrás corría

intentando alcanzar al chacho

y este feliz huía

a las garras del desgraciado

hasta que soltando pinturas brillantes

iluminó todo el salón

y oh! sorpresa grande

el dragón sus ojos tapó.

El secreto de la derrota

yacía en iluminar el recinto

y mostrarle los colores de la vida

y llenar de alegría el castillo.

Y en un grito desesperado

el dragón por fin se desvanecio

y los colores al castillo llegaron

y el ratoncillo a su forma regresó.

Y en un bonito discurso

el castillo le regaló

y una bonita misión

al colorido guerrero encargó:

"vos tan alegre y feliz

solo una cosa harás,

sacarle sonrisas a la gente

y brindar felicidad".

Y así culmina la historia

del caballero alegre

que por sonriente y bien osado

se convierte en el Guardian de la Escoba de Colores!!


Luises Pérez

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