martes, 10 de julio de 2012

A la izquierda

Vi esos ojos oscuros,
esos ojos sin reflejo
tan negros como un pozo sin fondo.
Pensé: "Y si caigo en ellos
y no encuentro escapatoria"
Pero entonces dije:
"Quiero caer en ellos,
caer como si no hubiera fondo,
jamás volver a tocar el suelo".

Vi después sus brazos largos.
Pensé: "Y que pasaría
si me amarrara con sus manos como sogas
y me atara con sus dedos anudados".
Pero entonces dije:
"Quiero ser atado entre sus brazos,
que sus nudos se conviertan en parte de mi carne,
no tener libertad de nuevo,
permanecer por siempre secuestrado".

Vi entonces su boca,
esa fuente inagotable de placer y palabrería...
Pensé: "Que tal que me seduzca
y sean sus palabras mi perdición".
Pero entonces dije:
"Caeré en la tentación y escucharé sus caprichos,
haré sus palabras realidad
y le callaré de vez en cuando con un beso".

Entonces por un momento
me permitió ver un poco de corazón.
Pensé: "Solo veo una sombra,
no logro distinguir su principio y su final".
Pero entonces dije:
"supongo que deberé conocerlo"
mientras turnaba la vista
entre el espejo y mi izquierda.

Entonces me quité del espejo
y mire a los ojos de mi amante,
allí a la izquierda tan inquietante como sibilante.
No pensé y solo dije:
"Dí que sabes de mí,
permíteme conocernos mejor".

Luises Pérez

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