viernes, 11 de noviembre de 2011

Amore

Eran los cables del fuego,
tu sonreías tímidamente en el café
y ella derramaba sus lagrimas de fuego.
Miraste la ventana
entonces apareció una vieja ninfula, si
una como las de Nabokov,
pagaste el  café, la dejaste llorando
y corriste hacia la muerte con Lolita.

Norisa Corme

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