Quiero ver esa sonrisa sutil tan contagiosa
de una ternura inconmensurable
con esos gestos irreprochables
y esa emotividad fantasiosa.
Dame solo una prueba más
de ese cáliz más o menos puro
que al probarlo solo lleva
a una irrealidad canábica
de sonrisas y malicias
inexplicables y maravillosas
tan centradas en dialectos falsos
de sonrisas y mimos delicados
de esos que sonrojan
hasta la más negra
de las rosas de los campos marchitados.
Sonríe y haz feliz a un alma
más o menos viva
en algún momento ida entre las odiseas de la ciudad…
Luises Pérez
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