lunes, 3 de mayo de 2010



Ella iba sentada a su lado, ebria pero aun consciente, cuando tomo la decisión de gritárselo, que mas da, solo tenia que fingir que no recordar si él reaccionaba mal, no tenia nada que perder, la borrachera empezaba a ganarle a la razón, sus manos en un movimiento tan delicado, tan limpio, se posaron en las rodillas de él, que mas da... Solo hay que fingir no recordar.

El sentado tratando de contener el deseo que empezaba a invadirlo, el viento entraba por la ventana y agitaba los cabellos de ella, rizos van, rizos vienen, su aroma cada vez mas cerca, esa combinación entre el vino y su perfume de amapolas, ¿que lo excitaría mas?, ella tocando sus piernas con esos largos dedos de forma espontanea, o ¿el olor de su cuerpo?.

Ella ya no tenia cuidado, lo único que quedaba en su mente era decirle que lo amaba, pero aun no podía, aun no, quito la mano de su pierna para arreglar sus cabellos y se recostó sobre él murmurando “creo que el viaje se mas hará mas cómodo sobre ti”, y él de forma automática la tomo entre sus brazos, ¡oh! Que bien se sentía aquello, toda la energía de ambos estaba concentrada en sus sentidos, cada movimiento cada respiración del otro, era registrada por los censores de sus cuerpos, que, se estimulaban cada vez mas. Es solo un viaje en taxi pensó él, mientras que ella estaba perdida en el inmenso mar del alcohol y los brazos fuertes que la sujetaban.

Que mas da, solo hay que fingir no recordar, se decía a si misma, como era posible que la vergüenza y el temor al rechazo fueran a dominarle. ¿Ella estaba borracha? si, pero hasta en este estado era incapaz de tener el valor suficiente para decírselo. La mano de él bajaba y subía lentamente por el escote en su espalda, y con cada caricia, con cada contacto, su cuerpo respondía con un pequeño suspiro, que pensaría el, ¿se estaría dando cuenta de lo que esta desatando? Que mas da, ella quería que pasara y lo estaba buscando, porque solo era una mojigata, tan preocupada de la opinión de la gente que enterraba sus sentimientos en lo más profundo, evitando cualquier molestia, cualquier nueva emoción que desestabilizara su turbada alma.

Ya era demasiado para él, de no ser por el chofer la habría hecho suya en ese mismo instante, cada vez que sus dedos se desgastaban en la piel desnuda de aquella espalda, un paraíso de sensaciones se desencadenaba en él, y después, un pequeño gemido de ella y se sumergía mas en el éxtasis del placer que solo se llega a sentir con el ser amado, Eres un caballero se dijo, eres un caballero, pero ella estaba allí tan dispuesta, tan feliz entre sus brazos, ¡tan borracha sobre su pecho! que dilema... Él no la tomaría en ese estado, no así, se limito solo a disfrutar de su aroma, de la suavidad de su piel, quería guardar todo sobre ella, así fácilmente, podría reproducir ese momento en la oscuridad de sus solitarias noches, que mas podía hacer, sus principios no le permitían abusar de ella.

“Sabes algo, creo que nunca amare a nadie como te amo a ti” dijo ella, mientras se sumía en un espeso sueño, ya el alcohol la había dominado, y las caricias de él, mas que provocarla, la relajaban, la hacían sentir segura, ¡que mas da! solo tenia que fingir olvidar, porque no decirlo y ya, porque no acabar con la angustia que la invadía, simple, lo decía y huía en sus sueños, el alcohol ayudaba, y sus brazos eran lo suficientemente cómodos para que ella estuviera ahí por siempre, ya lo había dicho, ya podía dormir en paz.

El chofer llego a su destino, él (que ya la tenia entre sus brazos) la llevo hasta su casa, hasta su cama, y contra su voluntad, partió de aquel lugar sin tocarla sin decirle nada, que mas da, ella estaba ebria, posiblemente no recordaría sus palabras, que mas da, ella había sido suya por una noche, quizá no pudo tener su cuerpo, pero si tuvo su alma, él se conformaba con saber que podía hacerla vibrar, con saber que ella también lo había deseado.

Cruel destino, maldita suerte, al menos murió feliz, pobre diabla, mandaste a tu amor a morir, quizá si el hubiera estado contigo esa noche… en tu cama, quizá si no hubieras llegado a la inconsciencia que ofrecen los sueños, quizá si le hubieras hecho el amor, él no habría muerto, porque es la realidad, él ya murió, ese maldito coche donde viajaban, donde tu fuiste feliz, por un instante, se lo llevo, ahora solo su esencia que queda en los miles de abismos de tu memoria, si, eso es lo único que queda, así es no volverá, ya no volverá, tonta, tonta eres, ¿por que no esperaste su respuesta?, ¿Por qué permitiste que el licor le ganara a tu mente?, sin embargo, y aunque ella nunca lo sabrá, él murió feliz, con el olor a amapola y vino en su nariz, con los rayos dorados de su cabello en los ojos, con la suavidad de su piel en sus manos, con la sensación de ser correspondido en su cuerpo.

Norisa Corme

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