Dos cuerpos…
Dos almas unidas por la sensación de la soledad
entrelazadas en amargos e interesantes
contactos de luz espectral.
Una caricia, un roce, un toque…
los hilos negros del misterio
entonan un sentimiento de incertidumbre,
encarnan una nueva duda
que a la larga, no es más que una esperanza.
Los hilos suaves y negros… esos hilos
Ocultos…
Bajo la sombra fiscal de una lámpara nocturna,
bajo la verde niebla de un tronco ancestral;
encerrados en un centro musical
dentro del chelo de la existencia… Estamos corriendo!!!
Gritando…
Corriendo y girando en un instante esquizofrénico.
Tal vez no existamos… tal vez no somos reales.
Todo resulta ser una vaga idea del deseo;
pero sentimos la excitación del pálpito.
Conocemos el surrealismo circunstancial
y habitamos la subjetividad
aunque sea una posición mortal.
Seguimos inmóviles, asustados…
sin detenernos en la danza sobrenatural
que nos hace vibrar…y sentir la fatalidad.
Continúa… la vida se escurre
en el flujo de la sabiduría
sin darnos el lujo de percibirla… o saborearla.
Hay un cofre pulsante…
Pulsa, palpita. Se detiene
No existe el tiempo;
No existe esa convención de la vejez y el olvido.
Sólo sobrevive el momento eterno de la pasión.
Una caricia… un roce
Volvemos al estado inicial…
dos almas unidas por la emoción
y no tanto por la razón…
dos almas que en un momento determinado
sobrepasan la existencia
y llegan a la vida…
Vikttor M. Quintero
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